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La ilusión de la movilidad global: viajar no significa pertenecer

Hombre a punto de tomar su vuelo en avion, caminando con su maleta en el aeropuerto





El mundo parece más accesible, pero no más habitable


Nunca fue tan fácil moverse y nunca fue tan difícil sentirse parte. Vuelos low cost, visas digitales, trabajo remoto, plataformas de alquiler temporal: el mundo parece abierto. Sin embargo, esa apertura es funcional, no social. Se puede llegar a muchos lugares, pero pertenecer a pocos.


La movilidad contemporánea promete libertad, pero en la práctica produce una forma nueva de transitoriedad: estar sin arraigar, circular sin integrarse, habitar sin derechos plenos.



Viajar ya no es excepción, pero sigue siendo privilegio


La movilidad se normalizó en el discurso, no en las condiciones reales. No todos viajan por elección, ni todos lo hacen desde la misma posición. Hay quienes se mueven porque:

 Su trabajo lo exige,

 Su economía lo permite,

Su pasaporte lo habilita.

Y hay quienes se mueven porque no pueden quedarse. El viaje puede ser experiencia, estrategia o expulsión. La diferencia no está en el movimiento, sino en el margen de decisión.



Territorio: más que un lugar en el mapa


El territorio no es solo espacio físico. Es:


⏩ Acceso a derechos,

 Redes sociales,

⏩ Estabilidad jurídica,

⏩ Reconocimiento simbólico.

Moverse implica abandonar, aunque sea parcialmente, ese entramado. Por eso, viajar mucho no siempre amplía el mundo: a veces lo fragmenta.

Se puede estar en muchos lugares y no ser plenamente de ninguno.



La movilidad como nueva forma de desigualdad


La globalización prometió circulación. Lo que produjo fue jerarquización del movimiento. 

Hay movilidades valoradas:

⏩El nómada digital,

 El profesional itinerante,

 El viajero flexible.


Y movilidades invisibilizadas:

⏩ El migrante precario,

⏩  El desplazado económico,

⏩ El que se mueve sin capital simbólico.

El problema no es moverse.

El problema es qué se pierde al hacerlo y quién puede compensarlo.



Vivir en tránsito: el costo que no se contabiliza


La movilidad permanente tiene costos que rara vez aparecen en el relato:

⏩ Vínculos frágiles

⏩ Identidad suspendida

 Pertenencia condicional

⏩ Dificultad para proyectar

No es inestabilidad extrema, pero tampoco es arraigo. Es una forma intermedia de vida que se presenta como libertad, aunque muchas veces funcione como adaptación obligada.



Cuando el lugar deja de ser hogar


Habitar no es lo mismo que estar. Un territorio se vuelve hogar cuando:

⏩ Hay continuidad,

⏩ Hay reconocimiento,

 Hay derecho a permanecer.

La movilidad global multiplica las presencias, pero debilita esas condiciones. Por eso, el mundo parece abierto, pero se vive como "provisional".



Conclusión: moverse no garantiza pertenecer


La movilidad se convirtió en signo de época, pero no en solución existencial.

Viajar amplía el mapa, no necesariamente el sentido de lugar.
Entender el presente exige dejar de idealizar el movimiento y empezar a analizar sus consecuencias.
Porque en el mundo actual, no todo el que se mueve avanza.


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