
Durante generaciones, la promesa fue simple: estudiar, trabajar duro y vivir mejor que los padres. La OCDE midió cuánto se cumple esa promesa y el resultado es incómodo: en un país promedio, a una familia de bajos ingresos le toma entre cuatro y cinco generaciones llegar al ingreso medio. En algunos países de América Latina, nueve u once.
El trabajo no es solo una fuente de ingresos. Es también una promesa de futuro: la idea de que el esfuerzo se traduce en progreso, y de que ese progreso se transmite a los hijos. Es lo que se conoce como movilidad social, y es lo que está en cuestión cuando alguien dice que "trabajar ya no alcanza".
Cuántas generaciones hacen falta
En 2018, la OCDE publicó el informe A Broken Social Elevator? ("¿Un ascensor social averiado?"), que mide cuántas generaciones necesita una familia del 10 % más pobre para que sus descendientes alcancen el ingreso medio de su país. El promedio de los países analizados es de 4,5 generaciones. Dinamarca, el mejor caso, necesita dos.
En América Latina, las cifras son más altas: seis generaciones en Argentina, nueve en Brasil y once en Colombia. Estados Unidos, el Reino Unido, Austria y Suiza se ubican en torno a las cinco, y Francia y Alemania, en seis. Son datos de hace unos años y de países que el informe pudo comparar; los resúmenes que consulté no mencionan a Paraguay, así que no se puede extrapolar esa cifra. Pero la comparación sí muestra algo: la distancia entre sociedades más y menos móviles es enorme.
Pisos pegajosos y techos pegajosos
El informe describe el problema con dos imágenes. Los "pisos pegajosos" impiden subir a quienes están abajo: en un período de cuatro años, el 60 % de las personas que estaban en el 20 % de menores ingresos seguía allí. Y los "techos pegajosos", asociados al acaparamiento de oportunidades arriba, mantienen en su lugar a los de arriba: el 70 % de quienes estaban en el 20 % superior continuaba en él.
La educación de los padres pesa mucho. Entre los hijos de padres con poca educación, solo uno de cada diez llega a estudios terciarios, frente a dos tercios de los hijos de padres con educación alta. Y las puntuaciones en matemáticas son cerca de un 20 % más altas entre quienes tienen padres de mayor nivel socioeconómico, una diferencia equivalente a más de tres años de escolaridad adicional.
Un punto clave: la desigualdad y la movilidad van juntas. Según la directora de la OCDE al presentar el estudio, los países con más desigualdad mostraron menos movilidad social. Es decir, no es solo que algunos tengan más: es que cuanto más distancia hay entre arriba y abajo, más difícil es cruzarla.
Y el trabajo, ¿qué pasa con él?
Si el trabajo fuera un ascensor, bastaría con tener empleo para subir. Pero los datos sobre empleo muestran que tenerlo no siempre alcanza. En Paraguay, de los 128.745 nuevos ocupados no agropecuarios del segundo trimestre de 2026, casi 75.000 fueron informales, como vimos en empleo informal: por qué persiste y cuánto cuesta. Es decir, más empleo no equivale a mejor empleo, ni a un empleo desde el cual se pueda progresar. Es lo que planteaba también más empleo, menos progreso.
Tampoco ayuda que los salarios no acompañen a la productividad, algo que analizamos en productividad récord, salarios que no acompañan, ni que el costo de vida suba más que el ingreso, como en salarios reales y costo de vida. Y cuando los ingresos son irregulares, ahorrar para invertir en educación o en un negocio se vuelve más difícil, como describimos en ingresos irregulares. Esta conexión entre factores es una lectura propia, no una conclusión del informe de la OCDE.
Una matización: relativa y absoluta
Conviene distinguir dos formas de medir. La movilidad relativa pregunta si un hijo de familia pobre puede llegar a ser rico. La absoluta pregunta si los hijos viven mejor que sus padres, aunque sigan en el mismo lugar de la escala. Un estudio del economista Raj Chetty y sus colegas, publicado en 2017, encontró que en Estados Unidos la proporción de personas que ganan más que sus padres cayó de alrededor del 90 % entre los nacidos en 1940 a cerca del 50 % entre los nacidos en 1980. Lo cito de memoria, conviene verificarlo antes de usarlo como dato.
La diferencia importa porque la sensación de estancamiento no depende solo de cuánto se sube en relación con otros, sino de si se vive mejor que quienes vinieron antes. Es el sentimiento que exploramos en la sensación de estancamiento y en la economía de la expectativa baja. La propia OCDE señala una percepción creciente de que la movilidad social ha disminuido y un pesimismo creciente sobre las posibilidades de mejorar la situación económica a lo largo de la vida.
Lo que se puede hacer
Las recomendaciones del informe giran en torno a dos ideas: diseñar políticas que den a todos los niños las mismas oportunidades, y mitigar los efectos negativos de la volatilidad de los ingresos. La primera apunta a la educación temprana y a reducir la transmisión de la desventaja de padres a hijos. La segunda, a que una mala racha no deshaga años de esfuerzo.
No hay soluciones rápidas, y la propia cifra de generaciones lo indica: cambiar la movilidad es una tarea de décadas. Pero que sea lento no la hace imposible, y los países que lo lograron, como Dinamarca, muestran que es una cuestión de decisiones y no de destino.
La promesa y su costo
Cuando el ascensor social se traba, el costo no es solo económico. Cuando las personas dejan de creer que el esfuerzo conduce a algún lugar, se debilita algo más: la confianza en que las reglas son justas. Es el vínculo con lo que analizamos en la confianza en retroceso. Y hay otro aspecto, el de los límites que no se ven pero se sienten, que tratamos en el techo invisible del trabajo.
Por eso, la frase "trabajar ya no garantiza ascender" no es solo una queja. Es una descripción de un contrato social que, para muchos, dejó de cumplirse. Y reconocerlo es el primer paso para decidir si queremos renovarlo.
Fuentes
- OCDE, A Broken Social Elevator? How to Promote Social Mobility (2018): resumen de hallazgos (Equally Ours) y ficha del informe.
- Cifras por país: Wilson Center, Statista y El Universal (declaraciones de la directora de la OCDE).
- Empleo informal en Paraguay: ABC Color (INE).
- Referencia de memoria, a verificar: Raj Chetty et al., "The fading American dream", Science (2017).