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Trabajar ya no garantiza ascenso social: el freno silencioso de la movilidad económica

 

Imagen de un hombre empujando una piedra cuesta arriba de una montaña



Durante gran parte del siglo XX, el trabajo fue el principal mecanismo de ascenso social. Tener empleo, capacitarse y sostener una trayectoria laboral estable permitía mejorar el nivel de vida respecto a la generación anterior. 

Esa promesa estructuró expectativas individuales y políticas públicas. Hoy, esa lógica muestra signos claros de desgaste. En muchos contextos, trabajar ya no garantiza avanzar, y el esfuerzo sostenido no siempre se traduce en progreso material.



 La idea histórica del ascenso social


El modelo clásico de movilidad social se apoyaba en tres pilares: empleo estable, salarios crecientes y acceso gradual a bienes y servicios.

El trabajo funcionaba como un puente entre origen y destino social. La educación y la experiencia laboral reforzaban ese recorrido.



Estancamiento de ingresos y oportunidades


En la actualidad, amplios sectores enfrentan una realidad distinta:

* Ingresos que crecen por debajo del costo de vida

* Trayectorias laborales fragmentadas

* Menor estabilidad contractual

* Acceso limitado a vivienda

Esto reduce la capacidad de transformar el esfuerzo en acumulación.



Desigualdad de punto de partida


La movilidad social no depende solo del trabajo, sino del lugar desde donde se parte. Las brechas iniciales condicionan:

* Calidad educativa

* Redes de contacto

* Capital cultural

* Capacidad de asumir riesgos

Cuando estas diferencias se amplían, el trabajo pierde potencia como herramienta igualadora.



Educación y trabajo: una relación tensionada


Durante décadas, la educación fue la vía principal para mejorar la posición laboral. Hoy, ese vínculo se volvió más incierto. En muchos casos:

* La formación no garantiza mejores ingresos

* El mercado no absorbe perfiles calificados

* La sobreeducación convive con empleos de baja calidad

Esto genera frustración y expectativas incumplidas.



El rol del mercado laboral contemporáneo


El mercado laboral actual combina:

* Alta competencia

* Segmentación

* Informalidad

* Rotación constante

Estas características dificultan la construcción de trayectorias ascendentes y estables.



Trabajo, esfuerzo y percepción social


Cuando el esfuerzo no se traduce en progreso, se produce un cambio profundo en la percepción del trabajo. Aparecen:

* Desmotivación

* Sensación de estancamiento

* Cuestionamiento del mérito

El problema deja de ser individual y se vuelve sistémico.



Movilidad bloqueada y consecuencias sociales


La falta de movilidad genera efectos de largo plazo:

* Menor cohesión social

* Aumento de la desigualdad

* Pérdida de confianza en las instituciones

* Replanteo del sentido del trabajo

El trabajo sigue siendo central, pero ya no cumple la misma promesa.



¿Qué condiciones reactivan la movilidad?


Recuperar el rol del trabajo como motor de ascenso implica:

* Salarios que acompañen el costo de vida

* Educación conectada con demanda real

* Empleo de calidad

* Políticas que reduzcan brechas iniciales

Sin estos elementos, el trabajo por sí solo no alcanza.



El nuevo contrato implícito


El desafío actual no es eliminar el valor del trabajo, sino redefinir su función social. En un contexto distinto, las reglas que funcionaron antes ya no operan de la misma manera.

Pensar la movilidad social hoy requiere mirar más allá del esfuerzo individual y comprender las condiciones estructurales que lo hacen posible.



Conclusión


Cuando trabajar deja de garantizar progreso, se pone en cuestión uno de los pilares centrales de la organización social. Reconocer este freno silencioso es el primer paso para pensar soluciones que devuelvan al trabajo su capacidad de abrir caminos, y no solo de sostener el presente.

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