Nunca hubo tantas opciones disponibles y, sin embargo, pocas veces decidir resultó tan agotador. La fatiga contemporánea no proviene solo del trabajo o de la falta de tiempo, sino de una exigencia constante: elegir todo, todo el tiempo.
Decidir dejó de ser un acto puntual.
Se convirtió en una condición permanente.
El exceso de elección como forma de presión
La vida cotidiana está atravesada por decisiones que antes no existían o estaban delegadas:
* cómo trabajar
* cuándo responder
* qué consumir
* qué priorizar
* qué posponer
Cada elección implica descartar alternativas, asumir consecuencias y sostener una coherencia que rara vez se logra mantener.
La ilusión de control
La cultura contemporánea presenta la multiplicación de opciones como sinónimo de libertad. Sin embargo, más opciones no siempre significan mayor autonomía.
Cuando todo depende de una decisión individual, el error también se vuelve individual. La responsabilidad se desplaza completamente al sujeto, incluso cuando las condiciones son estructuralmente limitadas.
Decidir sin información suficiente
Paradójicamente, la sobreabundancia de información no aclara el panorama. Al contrario, muchas decisiones se toman en contextos de:
* datos contradictorios
* escenarios inestables
* consecuencias inciertas
Se decide sin garantías, sin horizonte y sin posibilidad de evaluación clara a largo plazo.
El cansancio que no se ve
La sobrecarga decisional no se manifiesta como colapso inmediato, sino como desgaste progresivo.
Aparece en forma de:
* postergación constante
* dificultad para comprometerse
* sensación de estar siempre llegando tarde
* necesidad de simplificar incluso lo importante
No es falta de voluntad. Es saturación.
Delegar como mecanismo de defensa
Frente a este escenario, muchas personas comienzan a ceder decisiones a sistemas, rutinas o algoritmos. No por comodidad, sino por supervivencia mental.
Elegir menos se vuelve una forma de protección.
Conclusión: una época que agota por acumulación
La sobrecarga mental no es un problema individual ni una falla de carácter. Es el resultado de un modelo que traslada al individuo la tarea de ordenar un mundo cada vez más desordenado.
Comprender este fenómeno permite leer el cansancio contemporáneo no como debilidad personal, sino como rasgo estructural de época.

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