En Paraguay, seis de cada diez ocupados trabajan sin aportar a un seguro social. En 2026 el empleo creció, pero la mayor parte del empleo nuevo es informal. México subió el salario mínimo 13 % y su informalidad aumentó igual. Argentina llegó al 45 %. La informalidad no se corrige sola ni con buenas cifras de empleo.
Cuando se anuncia que el desempleo bajó, la buena noticia suele quedar incompleta. Falta preguntar qué tipo de trabajo se creó. En muchos países de América Latina, un empleo no significa una jubilación, un seguro médico ni un ingreso previsible. Esa diferencia es lo que mide la informalidad, y es uno de los problemas más persistentes de la región.
Qué cuenta como empleo informal
La definición varía según el país. En Paraguay, el INE considera informales a los trabajadores independientes que no están inscriptos en el RUC y a los dependientes que no aportan a un sistema de jubilación. En la práctica, es quien trabaja sin ninguna de las protecciones formales: no tiene aporte, no tiene cobertura y, muchas veces, no tiene contrato.
Paraguay: más empleo, pero no más protección
En el segundo trimestre de 2026, el 61,6 % de los ocupados no agropecuarios era informal: 1.753.316 personas. Es casi el mismo porcentaje que un año antes, pero con más gente adentro. De los 128.745 nuevos ocupados no agropecuarios, casi 75.000 fueron informales. Los empleos formales crecieron en 57.435.
La foto trimestral es todavía más dura. Entre el primer y el segundo trimestre, el empleo informal aumentó en 98.136 personas, mientras que el formal disminuyó en 18.290. Hubo una buena noticia en el primer trimestre, cuando la informalidad no agropecuaria bajó de 60,8 % a 59,9 % y se sumaron unos 67.000 trabajadores formales. Pero el avance no se sostuvo.
La informalidad no se reparte por igual. En el área urbana representa cerca del 59 % del empleo no agropecuario. En el área rural, ocho de cada diez nuevos ocupados fueron informales. Y según datos del INE de 2024, los sectores más afectados son la construcción (85 %), el comercio, los restaurantes y los hoteles (66,7 %), y el trabajo doméstico, donde nueve de cada diez personas trabajan sin aportes. Entre los jóvenes de 15 a 19 años, el 91,1 % trabaja de manera informal.
Todo esto ocurre con un desempleo bajo, de 4,1 % en el segundo trimestre, y una tasa de ocupación de 69,7 %. Ahí está la paradoja: Paraguay tiene pocas personas sin trabajo, pero muchas con un trabajo sin red. Este es el mismo cuadro que describimos al analizar los salarios reales y el costo de vida: el salario mínimo sube, pero llega a una minoría.
México: subir el piso no alcanzó
México aplicó un aumento histórico del salario mínimo en 2026. Aun así, la informalidad laboral fue del 55,1 % en el segundo trimestre, según el INEGI. Son 33,1 millones de personas, 495.000 más que un año antes. La tasa fue 0,3 puntos mayor que la de un año atrás.
El observatorio "México, ¿cómo vamos?" calculó que la informalidad apenas bajó 4,5 puntos porcentuales en 21 años, del 59,3 % de 2005 al 54,8 % del primer trimestre de 2026. El Gobierno se propuso reducirla a 48,9 % en 2030, una meta que, con esta tendencia, se ve lejana.
La lección para Paraguay es incómoda: subir el salario mínimo mejora el ingreso de quienes ya están en el sistema, pero no los incorpora por sí solo. Eso exige otras políticas.
Argentina: la informalidad sube con los años
En Argentina, la informalidad laboral subió del 43,2 % en el segundo trimestre de 2025 al 45 % en el mismo período de 2026, según el INDEC. El organismo aclaró que ese aumento de casi dos puntos sí fue estadísticamente significativo. Entre los asalariados, el 37,9 % no tenía descuento jubilatorio.
Un dato llama la atención y conviene tomarlo con cautela, porque proviene de un proyecto presentado en la Cámara de Diputados con microdatos de la EPH: el 46,9 % de los asalariados informales trabaja en unidades del sector formal. Si es así, la informalidad no se explica solo por los pequeños negocios sin registrar. También hay empresas formales que contratan sin registrar.
India: el mismo patrón, a otra escala
En India, alrededor del 90 % de los trabajadores está en la informalidad, y la proporción de empleo regular empezó a bajar a partir de 2018, según el informe de la OIT y el IHD. La OIT advierte que, en el sur de Asia, el empleo crece sobre todo en trabajos informales, inseguros y mal pagados. Es el mismo fenómeno, pero a una escala mucho mayor.
Por qué persiste
Los casos tienen detalles propios, pero algunas causas se repiten.
El empleo nuevo nace informal. Cuando la economía crece y se necesita más mano de obra, la informalidad es la vía más rápida para absorberla. Lo vemos en Paraguay, y el análisis de ManpowerGroup sobre México señala lo mismo: la informalidad tiende a absorber con rapidez a quienes entran al mercado laboral, sobre todo en los picos de demanda.
Sin red, no se puede esperar. Un desempleo bajo puede ser engañoso donde no hay seguro de desempleo. Sin un colchón, la gente acepta cualquier trabajo, aunque no tenga protección. Por eso baja el desempleo sin que mejore la calidad.
La estructura productiva. Con bajo crecimiento, poca inversión y empresas de baja productividad, cuesta sostener empleo registrado. La economista argentina Marta Novick lo describe como un problema estructural, no coyuntural.
La percepción de que formalizarse no compensa. Una columna de opinión en Última Hora sostiene que, además de la falta de información y de ciertos hábitos, pesa la idea de que formalizarse no vale la pena. Es una explicación que no se puede medir con una cifra, pero que aparece una y otra vez en el debate.
Qué implica
La informalidad tiene costos para todos. Para el trabajador, significa ingresos bajos, sin aporte jubilatorio y sin seguro médico. Para el Estado, una base tributaria más chica. Para las empresas que sí cumplen, una competencia desigual. Y para el sistema previsional, una presión futura: quienes hoy no aportan no tendrán una jubilación contributiva. Incorporarlos tiene además un costo fiscal, lo que hace que la discusión no sea sencilla.
Más empleo no es lo mismo que mejor empleo
Los tres países muestran que crear empleo y crear empleo protegido son cosas distintas. Se puede lograr lo primero, con un desempleo bajo y más ocupados, y quedarse lejos de lo segundo. Subir el salario mínimo, tampoco resuelve el problema para quienes no están en la nómina formal.
Por eso, el indicador que más debería importar no es solo cuánta gente trabaja, sino cuántos trabajan con derechos. Y la pregunta incómoda para Paraguay es qué parte del crecimiento económico se está convirtiendo en empleo con protección y cuál no. Es el mismo dilema que enfrenta quien trabaja por su cuenta: en ingresos inestables y gastos fijos vemos cómo ese riesgo recae casi por completo en el trabajador. Y si te interesa saber si el trabajo independiente puede ser una salida sostenible, lo discutimos en este análisis.
Fuentes
