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Cuando la tecnología reemplaza al criterio

Mano de robot y mano de humano tocándose por lel dedo índice




El problema no es que la tecnología ayude a decidir, el problema es cuando decide en lugar nuestro. En la vida cotidiana actual, cada vez más elecciones llegan resueltas:


* qué leer,

* qué mirar,

* qué escuchar,

* por dónde ir,

* a quién contactar.


No se nos prohíbe decidir.

Simplemente ya no hace falta.



De elegir a aceptar recomendaciones


Antes, elegir implicaba:

* comparar,

* dudar,

* equivocarse,

* corregir.

Hoy, el proceso se acorta: “Recomendado para vos”.

La recomendación no obliga, pero orienta con fuerza.

Y la orientación constante termina formando hábito.



El criterio como práctica, no como talento


El criterio no es una cualidad innata.

Es una práctica que se entrena:

* evaluando,

* contrastando,

* argumentando.

Cuando el sistema elige primero y mejor,

el criterio propio deja de ejercitarse.

No se pierde de golpe.

Se atrofia.



La eficiencia como argumento incuestionable


La tecnología gana la discusión con un argumento simple:


* es más rápida,

* procesa más datos,

* “sabe más”.

Y es cierto.

Pero el criterio humano no compite en cantidad de información,

sino en sentido, contexto y valores.

Cuando aceptamos que decidir bien es solo decidir eficientemente, el criterio deja de tener espacio.



Decisiones sin responsabilidad


Una decisión tomada por criterio propio implica responsabilidad.

Una decisión tomada por sistema ofrece alivio:

* si sale mal, no fue “mi culpa”,

* era lo que “aparecía primero”,

* era lo que “todos elegían”.

El criterio carga consecuencias.

La automatización las diluye.



Cuando todo parece personalizado


La personalización genera una ilusión poderosa:

-  “Esto encaja conmigo”.

Pero el sistema no entiende a la persona:

reconoce patrones.

Confundir patrón con identidad es el error central.

El criterio distingue.

El algoritmo repite.



Elegir menos no es decidir mejor


Reducir opciones puede ayudar.

Eliminar el proceso de elección, no.

Cuando la tecnología:

* filtra,

* ordena,

* prioriza,

* descarta,

sin que lo sepamos ni lo pidamos,

el criterio se vuelve decorativo.



El criterio como fricción necesaria


Pensar cansa.

Decidir desgasta.

Evaluar lleva tiempo.

Por eso el criterio siempre fue incómodo.

La tecnología elimina esa incomodidad,

pero con ella elimina la experiencia de decidir.



Lo que queda cuando el criterio se ausenta


Queda:

* dependencia,

* repetición,

* homogeneización.

Las elecciones parecen personales,

pero los recorridos se parecen cada vez más.




Conclusión: recuperar el derecho a decidir mal


El criterio no garantiza buenas decisiones.

Garantiza decisiones propias.

Equivocarse forma parte del proceso.

Delegar todo elimina el error, pero también el aprendizaje.

La tecnología puede asistir.

No debería reemplazar.

Recuperar el criterio no implica rechazar sistemas,

sino volver a intervenir conscientemente en las decisiones que definen la vida cotidiana.

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