Trabajar desde cualquier lugar del mundo se presenta como la forma más moderna de libertad. Pero la libertad de moverse depende de dos cosas que están muy mal repartidas: el ingreso que exigen las visas y el pasaporte que se tiene. Y la cuenta no la paga solo quien viaja: la pagan también las ciudades que lo reciben.
La imagen es conocida: una computadora, un café frente al mar y un trabajo que se hace igual desde Lisboa que desde Ciudad de México. En apenas unos años, el nomadismo digital pasó de ser una rareza a convertirse en una política de Estado. Pero, detrás de la postal, aparecen preguntas incómodas. ¿Quién puede ser nómada? ¿Quién decide a quién se le abren las fronteras? ¿Y quién paga los costos?
Una carrera de países por atraer a los que más ganan
Hasta hace poco, muy pocos países tenían una visa específica para trabajadores remotos. Hoy son decenas. La cifra exacta depende de cómo se cuente: un recuento estricto de 2026 identifica 32 países con programas propios, mientras que otros listados hablan de más de 50 e incluso más de 60 al incluir permisos similares. Lo que no depende del criterio es el patrón: son países que compiten por atraer a trabajadores con ingresos del exterior.
Esa competencia tiene una condición común: el dinero. El requisito de ingreso mensual mediano entre los programas que publican un umbral es de 2.736 euros, según una base de datos de 2026. Varía mucho: Estonia exige 4.500 euros al mes, Portugal subió su umbral de unos 3.040 a 3.680 euros en enero de 2026, y Colombia o Brasil piden alrededor de 1.300 a 1.400 euros. Argentina exige unos 24.000 dólares anuales. El más bajo de la lista, Albania, pide 338 euros.
Para ponerlo en perspectiva: el salario mínimo paraguayo es de unos 494 dólares al mes. El umbral mediano de estas visas supera en más de cinco veces esa cifra. Es decir, la figura del nómada digital no es la de cualquier trabajador que puede hacer su tarea a distancia. Es la de alguien con ingresos altos, casi siempre pagados en una moneda fuerte.
El pasaporte decide más que el talento
Además del ingreso, hay otra variable que se menciona poco: la nacionalidad. El Henley Passport Index de 2026 ordena los pasaportes según a cuántos de los 227 destinos se puede entrar sin visa previa. Singapur encabeza con 192. Estados Unidos ocupa el décimo lugar, con 179. Paraguay aparece con 145. En el otro extremo, el pasaporte de Afganistán da acceso a solo 23, y el de India, en la posición 81 en julio de 2026, a unos 55.
Dicho de otro modo: dos personas con el mismo trabajo y el mismo sueldo remoto no tienen las mismas posibilidades de mudarse a otro país. Una puede llegar con un permiso casi automático. La otra necesita meses de trámites, depósitos y, con frecuencia, una negativa. Sobre este punto, ya habíamos escrito en fronteras, pasaportes y movilidad global y en la ilusión de la movilidad global.
Quién paga: las ciudades
El caso más visible es Ciudad de México. En julio de 2025, miles de personas marcharon contra la gentrificación y el aumento de los alquileres. Algunas pancartas apuntaban a los extranjeros, y las autoridades reconocieron el problema: la alcaldesa Clara Brugada anunció un plan que incluye limitar los aumentos de alquiler a la inflación. Los expertos citados por la agencia AP vincularon las protestas con fallas de gobierno y con la promoción activa de nómadas digitales. En 2022, la entonces jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, firmó con Airbnb y la UNESCO un acuerdo para atraer trabajadores remotos y turismo.
Los números exactos son discutidos. Un análisis de autoría individual calcula que los alquileres en Roma y Condesa subieron entre 35 % y 50 % desde 2020, y que en Lisboa aumentaron 65 % desde 2015, con una cuarta parte de la vivienda céntrica en alquiler temporal. Son cifras para tomar con cautela, porque no provienen de una fuente oficial. Pero Lisboa y Ciudad de México aparecen, además, entre las ciudades menos habitables del mundo según la relación entre alquileres y salarios locales, en un estudio de una aseguradora.
Hay, sin embargo, una mirada que complica la historia. El observatorio "México, ¿cómo vamos?" sostiene que culpar a los nómadas por la falta de vivienda es un error: los precios llevaban décadas subiendo, y propone crear un estatus legal para que los extranjeros inviertan, emprendan y paguen impuestos. Esto último importa, porque en muchos países los nómadas con visa no pagan impuesto sobre la renta local por ingresos obtenidos en el exterior. En su defensa, el argumento de 2022 era económico: si el 5 % de los nómadas del mundo pasara una temporada en la ciudad, aportaría más de 1.000 millones de dólares a la economía local.
La discusión de fondo es la misma que planteamos en turismo, gentrificación y territorio y en territorio flexible, derechos rígidos: quien llega con ingresos de otro país compite por una vivienda con quien gana en la moneda local.
La parte menos visible: trabajar lejos sin red
Hay un aspecto que se menciona poco en las guías de viaje. Muchos nómadas son trabajadores independientes. Y, como vimos en ingresos inestables y gastos fijos, quien trabaja por cuenta propia ya cuenta con menos protección. Si además vive de visa en visa, sin una residencia fiscal estable, la red se debilita todavía más: aporte jubilatorio, seguro de salud y derechos laborales dependen del país donde se reside. Esto es una lectura propia a partir de los datos, no una conclusión de los estudios citados.
La libertad como privilegio
El nomadismo digital promete que el lugar de trabajo ya no importa. Los datos dicen que importa mucho: define quién puede mudarse, con qué papeles y en qué condiciones, y qué efecto tiene su llegada en el barrio que lo recibe. Es una libertad real, pero reservada a quienes tienen el ingreso y el pasaporte adecuados.
La pregunta que queda no es si el nomadismo digital es bueno o malo, sino bajo qué reglas se practica: qué impuestos paga quien llega, cómo se protege la vivienda de quienes ya viven allí y quiénes quedan excluidos de la oferta. Y, para quien no cumple los requisitos, cómo se ve la libertad desde afuera. Esa es una reflexión que continuamos en vivir de paso y en viajar menos, comprender más.
Fuentes
- Programas de visas y umbrales de ingreso: whereTOemigrate (julio de 2026), Ellis, Ubigi y Where Next.
- Pasaportes: Henley Passport Index 2026, resumen del índice (India) y VisasNews.
- Ciudad de México: AP, Urbanet y análisis de Marko Ayling (cifras de alquileres).
- Lisboa y Ciudad de México, vivienda y nómadas: Eco-Business (con "México, ¿cómo vamos?").
- Salario mínimo paraguayo: G. 3.044.000 (~494 USD) desde julio de 2026, Decreto N.° 6225/2026 del Poder Ejecutivo, reglamentado por Resolución N.° 670/2026 del MTESS.
