turistas fotografiando playa



Hay una nueva forma de viajar que no busca el sol, ni la aventura, ni el descanso. Busca la despedida. Se la conoce en el mundo académico como last chance tourism, "turismo de última oportunidad": la decisión de visitar un glaciar, un arrecife de coral o un bosque antes de que desaparezca para siempre. No es una moda pasajera ni un nicho exótico. Es, según el libro fundacional de Lemelin, Dawson y Stewart (Routledge, 2012), un síntoma de época: viajamos cada vez más para presenciar el final de algo, no su esplendor.

La paradoja es evidente y, sin embargo, no detiene a nadie: para llegar a tiempo a la despedida hay que volar, consumir, emitir carbono. El mismo gesto que documenta la pérdida acelera la pérdida. No se trata de hipocresía individual —nadie compra un pasaje pensando "voy a destruir lo que amo"— sino de un mecanismo colectivo mucho más incómodo: hemos aprendido a convivir con la catástrofe convirtiéndola en paisaje, en fondo de pantalla, en postal.

El río que se fue y volvió como atracción

Paraguay no necesita glaciares para entender este fenómeno. Le basta con mirar su propio río. La bajante histórica del Paraná y del Paraguay, monitoreada año tras año por la Dirección de Meteorología e Hidrología (DMH), dependiente de la DINAC, dejó al descubierto algo que generaciones enteras no habían visto: playas de arena en pleno centro urbano, islas que emergen donde antes había corriente, lechos secos que se extienden kilómetros. Y ahí, exactamente ahí, llegó la gente. No a lamentarse. A fotografiarse.

Familias enteras caminando sobre lo que debería ser el fondo del río. Perfiles de redes sociales llenándose de imágenes de "el Paraguay como nunca lo viste". Operadores turísticos y comunicadores locales promocionando la bajante casi como un evento, un espectáculo de temporada. No hace falta viajar a la Antártida para practicar turismo de última oportunidad: alcanza con ir hasta la costanera. La crisis hídrica de la cuenca del Plata, que compromete el transporte fluvial, la pesca artesanal y el equilibrio del Pantanal, se transformó —sin que nadie lo planificara— en contenido.

Documentar en lugar de intervenir

Este es el núcleo sociológico del fenómeno, tanto en su versión global como en su versión guaireña: la cámara reemplaza a la política. Es el mismo reflejo que describimos a propósito de la gentrificación turística que devora ciudades enteras: frente a una pérdida colectiva, la respuesta más extendida no es la organización ni la presión sostenida, sino el registro. Allí el objeto era un barrio que se vacía de vecinos; acá es un paisaje que se extingue. El mecanismo es el mismo, aunque el objeto sea distinto: publicamos la playa que no debería existir con la misma lógica con la que publicamos cualquier otro fragmento curado de nuestra vida, como si mostrar equivaliera a intervenir.

Hay además una segunda capa, más silenciosa: la normalización de la pérdida como nuevo paisaje habitual. Aprendemos a convivir con un río más bajo, un Pantanal más seco, un clima más errático, no como anomalía sino como nuevo estado de las cosas. El asombro inicial —"miren lo que pasó"— se desgasta rápido y se integra al paisaje cotidiano, con el mismo desgaste que describimos a propósito de la fatiga informativa: toda noticia, por grave que sea, termina integrándose al ruido de fondo.

Extraer hasta que no quede nada

Hay algo del río que también puede leerse como metáfora de otros modelos que ya conocemos de cerca. Así como ciertos modelos de trabajo independiente exprimen un recurso —el tiempo, la energía, el cuerpo— hasta un punto de agotamiento que nadie planificó explícitamente, la relación con los recursos hídricos y naturales de la región se sostuvo durante décadas sobre la misma lógica: usar hasta que el uso mismo se vuelva imposible. La diferencia es que un río, a diferencia de una persona, no manda señales de alarma que podamos sentir en el cuerpo. Manda islas que aparecen donde no deberían, y esas islas, en lugar de alarmarnos, nos sacan una sonrisa para la foto.

El turismo de última oportunidad, visto así, no es un capricho estético ni una curiosidad global ajena a Paraguay. Es el síntoma visible de una pregunta que incomoda por igual en Groenlandia y en Ñeembucú: ¿qué hacemos cuando lo único que sabemos hacer frente al final de algo es quedarnos mirando, cámara en mano, mientras se va?

Tal vez la respuesta no esté en dejar de mirar. Esté, más bien, en preguntarnos por qué mirar —y compartir, y archivar, y pasar a la siguiente foto— se volvió suficiente.


Fuentes

Lemelin, R. H., Dawson, J. & Stewart, E. J. (2012). Last Chance Tourism: Adapting Tourism Opportunities in a Changing World. Routledge. (Referencia al concepto fundacional; lectura editorial, sin cita textual forzada).

Dirección de Meteorología e Hidrología (DMH), DINAC, Paraguay. Informes técnicos 2025-2026 sobre nivel hidrométrico de la Cuenca del Plata. https://www.meteorologia.gov.py/